Juan Carlos Oyanedel

Professor of Social Sciences at the Faculty of Education and Social Sciences of Universidad Andres Bello in Santiago de Chile
Juan Carlos Oyanedel es investigador y académico especializado en el estudio del juego de azar y el gambling desde una perspectiva social y de bienestar. Cuenta con amplia experiencia en análisis empírico, medición de problem gambling y evaluación del impacto del juego en la calidad de vida, así como en el diseño y validación de instrumentos para estudios poblacionales. Su trabajo se centra en la relación entre gambling, bienestar subjetivo y políticas públicas, aportando una visión analítica, basada en evidencia y orientada a la comprensión objetiva de los riesgos y desafíos del sector.

Me llamo Juan Carlos Oyanedel Sepúlveda y mi trabajo académico se ha construido en una zona que a veces incomoda: el lugar donde los datos chocan con creencias previas, donde una discusión pública se llena de ruido y mi tarea consiste en volver al terreno de la evidencia. En esa intersección —entre ciencias sociales, medición, políticas públicas y bienestar— terminé acercándome de manera cada vez más directa a un fenómeno que Chile aún está aprendiendo a dimensionar: el gambling, especialmente el juego problemático y su expansión en un mundo de plataformas digitales.

Cómo empecé a pensar “en serio” el fenómeno

Durante años me interesó entender cómo las instituciones, las reglas y el contexto moldean la vida cotidiana. No me basta una explicación simplista del tipo “la gente juega porque quiere”; tampoco me satisface el extremo contrario, que atribuye todo a un sistema malicioso sin espacio para la agencia. Me interesa la realidad completa: decisiones individuales, sí, pero también arquitecturas de incentivo, mercados, publicidad, accesibilidad, desigualdad y vulnerabilidad.

Ese marco de pensamiento se consolidó con una formación que mezcló herramientas cuantitativas y perspectiva socio-jurídica. En registros públicos se consigna mi Doctorado en Derecho (PhD in Law) en King’s College London (2011), un Máster en Educación y Ciencias Sociales en la Universitat Autònoma de Barcelona (2009) y mi trayectoria vinculada a la Sociología en Chile. Y esa mezcla —derecho, sociedad, educación— es lo que me empuja a preguntar: ¿cómo se mide correctamente un problema social?, ¿cómo se compara con otros riesgos?, ¿cómo se transforma en política pública?

Trayectoria académica: el lugar desde donde investigo

Mis años de trabajo se han desarrollado principalmente en universidades chilenas. He trabajado como académico con dedicación completa y en roles de docencia e investigación en distintos periodos: Universidad de Santiago de Chile (2014–2016) y Universidad Andrés Bello desde 2016 en adelante, además de una etapa postdoctoral. Estas fechas aparecen sistematizadas en fichas de investigadores de acceso público.

En mi práctica diaria, la universidad no es solo un edificio; es un método. Publicar, evaluar, replicar, contrastar. Y en gambling eso es crucial, porque se trata de un tema donde circula mucha opinión sin medición: cifras que no se sostienen, diagnósticos sin instrumentos, alarmas sin denominadores. Mi intención ha sido sumar investigación que permita pasar del “parece grave” o “no es tanto” a preguntas verificables: ¿cuánto?, ¿en quiénes?, ¿bajo qué condiciones?, ¿con qué consecuencias?

Por qué el gambling merece un enfoque de bienestar y no solo de “entretenimiento”

El gambling suele presentarse como entretenimiento; y para una parte importante de la población, efectivamente lo es. Pero mi interés está en el punto de quiebre: cuando deja de ser un consumo recreativo y se convierte en una conducta que erosiona el bienestar, la economía doméstica, la salud mental y los vínculos. En términos prácticos, eso es lo que llamamos juego problemático o problem gambling.

Yo lo veo como un fenómeno social y sanitario: no solo por el individuo que pierde el control, sino por el ecosistema que lo rodea. Cuando el acceso se vuelve omnipresente (especialmente online), cuando la publicidad normaliza la conducta, cuando se refuerzan sesgos cognitivos (como la ilusión de control) y cuando se instala el “casi-gané” como combustible emocional, el riesgo de daño crece.

Por eso me interesó estudiar el vínculo entre gambling y bienestar subjetivo. No para decir “todo juego es malo”, sino para responder algo más específico: qué ocurre con la calidad de vida cuando el gambling se vuelve problemático, y cómo detectarlo con instrumentos adecuados en Chile.

Mi trabajo empírico: una pieza clave en Chile (Santiago, muestra representativa)

En 2024 participé en un estudio publicado en Scientific Reports que se enfocó en juego problemático y bienestar subjetivo, con resultados basados en una muestra representativa en Santiago. Este tipo de evidencia es valiosa por dos razones: (1) porque permite hablar de prevalencias y asociaciones con rigor; y (2) porque reduce el sesgo de mirar solo casos clínicos (que siempre son la punta del iceberg).

En esa investigación, el objetivo fue poner en números la relación entre severidad del gambling y bienestar. Lo que buscamos no fue moralizar, sino estimar patrones y establecer una base para discusión pública informada. A veces, la utilidad de un estudio no está en “cerrar” el debate, sino en obligarlo a subir de nivel: si los datos muestran relación con peor bienestar, entonces la conversación ya no puede quedarse en lo anecdótico.

Del entretenimiento al riesgo: cómo escala el gambling y qué impacta en el bienestar

Resumen visual (enfoque informativo). El riesgo puede aumentar cuando disminuye la fricción y crece la exposición.

Trayectoria típica (no lineal)

Basado en evidencia académica sobre problem gambling y bienestar subjetivo en Santiago, Chile.

Efectos frecuentes en bienestar

Tip: toca una tarjeta para ver una explicación breve.
Fuentes (Chile): MINSAL BCN LeyChile (BCN)

Medición: cuando el instrumento define la política

Uno de mis aprendizajes en investigación social es que, si mides mal, decides mal. En gambling, esa idea es casi un axioma. Un instrumento con baja sensibilidad puede subestimar el problema; uno con baja especificidad puede inflarlo. Ambos errores son costosos: el primero deja gente sin apoyo; el segundo puede inducir políticas reactivas o punitivas que no distinguen riesgos reales.

Por eso he estado vinculado a trabajos que apuntan a mejorar la medición, como la validación y adaptación de instrumentos de tamizaje (screening) para población chilena. Cuando el país discute regulación, prevención o juego responsable, lo mínimo exigible es tener claridad sobre: cómo definimos “problema”, cómo lo detectamos y cómo lo cuantificamos.

Si algo me interesa especialmente es la capacidad de separar tres cosas que se mezclan con facilidad en la conversación pública:

  1. Participación en gambling (gente que juega)
  2. Conducta de riesgo (gente con señales de control disminuido)
  3. Juego problemático (daño evidente o severidad elevada)

Sin esa distinción, los titulares dominan y la realidad se pierde.

Gambling online: la aceleración del fenómeno y el problema del “ruido”

El paso a lo digital cambió el mapa. Antes, la conducta de gambling podía estar asociada a espacios físicos: casinos, máquinas, puntos de venta. Hoy, la oferta online altera el ritmo: apuestas desde el teléfono, interacción inmediata, promociones, notificaciones, tiempos muertos convertidos en oportunidades de jugar.

Mi foco no es demonizar tecnología: es reconocer que la tecnología cambia la probabilidad del daño. Baja la fricción y sube la exposición. Y cuando un fenómeno aumenta exposición y reduce fricción, la pregunta científica natural es: ¿quiénes son más vulnerables?, ¿qué medidas reducen el daño sin destruir libertades?, ¿cómo se regula sin caer en simbolismos?

Esto nos lleva a otro problema: el “ruido”. En gambling, el ruido viene de varias fuentes: intereses comerciales, moralismo, polarización política, y también de una falsa seguridad en “soluciones simples”. Yo prefiero hablar de políticas calibradas: ni laissez-faire ingenuo, ni prohibicionismo ciego. Calibrar significa medir, estimar impacto, probar intervención, evaluar resultados.

De la academia a la conversación pública: por qué termino hablando de esto fuera de papers

Hay temas que inevitablemente salen del aula y del paper. Gambling es uno de ellos. Cuando un fenómeno tiene impacto económico, sanitario y social, y además se cruza con regulación, los investigadores terminamos participando —por invitación o por necesidad— en espacios públicos, seminarios, debates y análisis.

Parte de mi trabajo ha sido explicar por qué el gambling problemático debe ser entendido como una realidad que se puede medir y prevenir. He participado en instancias donde se discute juego responsable, prevención de ludopatía y la necesidad de reconocimiento institucional del problema. En esas conversaciones, mi aporte suele ser insistir en la misma lógica:

  • Sin datos, no hay diagnóstico.
  • Sin diagnóstico, la intervención es azar.
  • Y el azar no es una política pública.

Qué entiendo por “juego responsable” y qué no

El concepto “juego responsable” se usa mucho y, a veces, se usa mal. En su mejor versión, implica herramientas concretas: límites de depósito, autoexclusión real, información transparente, verificación de edad, controles de marketing, y acceso rápido a ayuda. En su peor versión, se convierte en una etiqueta que traslada toda la responsabilidad al individuo, incluso cuando el diseño del producto empuja a jugar más.

Mi postura es que juego responsable debe ser corresponsabilidad: del usuario, sí, pero también del operador y del Estado. El Estado define el marco; el operador implementa salvaguardas; el usuario decide dentro de límites y con información. Si uno de esos actores falla, el sistema produce más daño del necesario.

Juego responsable: corresponsabilidad y señales de riesgo

Modelo visual para comprender “quién hace qué” y cuándo pedir ayuda.

Estado Marco y fiscalización
  • Normas y estándares de protección de usuarios.
  • Control de publicidad y protección de menores.
  • Requerimientos de verificación e integridad.
  • Datos públicos y evaluación de impacto.
Operador Salvaguardas reales
  • Límites de depósito, pérdida y tiempo.
  • Autoexclusión efectiva y visible.
  • Transparencia de reglas, odds y costos.
  • Alertas de conducta de riesgo y soporte.
Usuario Límites y autocuidado
  • Definir presupuesto y horario antes de jugar.
  • No perseguir pérdidas (“recuperar lo perdido”).
  • Usar límites/pausas y autoexclusión si aplica.
  • Pedir ayuda ante señales persistentes.

Señales de riesgo (clic para detalles)

Acción recomendada
Pausas, límites y conversación con un profesional de salud mental cuando el control se debilita o el malestar aumenta.

Qué creo que falta en Chile: investigación sistemática y continuidad

Chile ha avanzado, pero todavía hay brechas. La primera es la continuidad: muchos esfuerzos aparecen como reacción a un momento de crisis mediática. La investigación necesita ciclos más largos: medición periódica, comparabilidad, series temporales. La segunda es el enfoque poblacional: no basta con casos clínicos o encuestas pequeñas; necesitamos datos consistentes y repetibles. La tercera es la traducción: transformar hallazgos en política sin distorsión.

Cuando se discute regulación, a menudo se pregunta: ¿cuánto es demasiado? Mi respuesta es: depende de daño, prevalencia y distribución del riesgo. Si el daño está concentrado en grupos vulnerables, la regulación debe protegerlos sin penalizar al consumo recreativo. Esa es la idea de calibración.

Mis investigaciones como “piezas” y no como “monumento”

No me interesa presentar mi trabajo como un monumento. Prefiero pensar en piezas que se conectan:

  • Una pieza: estudiar la relación con bienestar y mostrar que el problema no es “moral”, es medible.
  • Otra pieza: fortalecer instrumentos de screening para que no discutamos en abstracto.
  • Otra pieza: estimar costos sociales/económicos cuando el debate público lo exige.
  • Otra pieza: participar en espacios donde se toma decisión, llevando evidencia y límites de lo que sabemos.

Para mí, un buen trabajo académico no es el que “gana” una discusión, sino el que mejora la calidad de la conversación y, con suerte, reduce el daño real.

En qué insisto cuando hablo con prensa o con públicos no especializados

Si tengo que hablar de gambling en lenguaje simple, insisto en cinco ideas:

  1. No todo juego es problema, pero el problema existe y no es marginal.
  2. La velocidad y el acceso online aumentan el riesgo para una parte de la población.
  3. La prevención funciona mejor que la reacción, pero requiere herramientas reales.
  4. La medición importa: sin instrumentos validados, los números son humo.
  5. La política pública debe ser proporcional al daño y protectora de vulnerables.

Lo que me gustaría que quedara claro sobre mi enfoque

Si alguien lee esta biografía buscando una postura simplista, no la va a encontrar. Mi enfoque es de investigación social aplicada: medir, comparar, estimar impacto, evaluar intervención. En gambling, eso significa insistir en que la discusión no puede ser solo “prohibir o permitir”. Debe ser “cómo reducimos daño con evidencia”.

Al final del día, el gambling problemático es un tema donde convergen salud mental, economía doméstica, desigualdad, cultura del consumo y tecnología. Es un espejo: nos muestra qué tan preparados estamos para enfrentar fenómenos que se expanden más rápido que las instituciones. Y ese, justamente, es el tipo de problema que me interesa investigar.

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